Arrojé al océano un deseo, un deseo antiguo e intenso. Lo arrojé para alejarlo de mi porque la esperanza ya la perdí. Las olas cuestionan mis intenciones, intenciones cegadas por temores. Por más infinito que sea el mar, todo lo que se lleva ha de volver. Aunque sea caprichosa mi petición, esta petición será mi salvación. Hoy dejen que me ahogue del luto porque este sentimiento ha muerto.
Aunque no lo digamos, todavía somos niños