Ir al contenido principal

Me sé tóxica


        Cada vez que me pierdo en mis recuerdos, tú eres el primero en aparecer. No importa cuántos años pasen, tú fuiste alguien muy importante para mí y todavía no veo cercano el día que te olvide. 

        Aún recuerdo el día que te conocí, fue un día de otoño que te presentaste frente a mi curso, te paraste frente a la pizarra y nos invitaste a tu fiesta. Yo no sabía qué esperar, no había nada que leer entre líneas, solamente era una invitación a una actividad que nunca me interesó, pero pensé: «Ya que no tengo nada mejor que hacer, vamos a probar».

        Me uní a tu grupo y me conociste. Me viste como nadie nunca me había visto hasta esa fecha y yo te observé y escuché con mucha atención. Me enseñaste a escuchar. Al principio te traté como a todos, otra persona temporal en mi vida y como tal, alguien no merecedor de mi confianza. En esa época yo actuaba a partir de la desconfianza y el miedo que esta genera, crecí así y sigo sintiéndome así, pero tú me enseñaste a confiar, a escucharte con atención y creer en tus palabras. Venías a mí, no al grupo; cuando hablabas, me hablabas a mí; y cuando querías salir y hacer algo, me buscabas para invitarme. Contigo pensé: «Vaya, este hombre quiere conocerme, quiere mi compañía y quiere que confíe en él», y al poco tiempo me enamoré.

        Pasó el tiempo, los días se convirtieron en meses y los meses sumaron años. Años maravillosos y tormentosos. Yo te amaba y te lo hice saber. Confié tanto en ti que empecé a necesitarte todos los días. Cada vez que podía, te iba a buscar. Si te veía, nadie era capaz de separarme de tu lado. Si estaba en casa, prendía el computador para hablar por MSN.

        Hablé de tantas cosas contigo que ya no recuerdo qué te decía exactamente, aunque creo que era solamente yo la que hablaba. Cuando pienso en ti, recuerdo toda la felicidad que me diste y también recuerdo todos los dolores de cabeza que te causé. Hoy sé que fui una persona muy tóxica contigo. No recuerdo de qué te hablaba, pero llegó un momento en que solamente peleaba contigo. Te quería tanto y confié tanto que descargué todo mi odio en ti. No eras el destinatario de ese odio, pero si fuiste el receptor y sé que como tal te llevé a tu límite mil veces. Yo estaba tan empeñada en quejarme que no me di cuenta del daño que nos hacía hasta que llegó el día de decir adiós.

        Te amaba, ¿lo recuerdas? Sé que te lo dije mil veces, pero la distancia no solo me volvió a dejar sola sino que también me ayudó a ver lo que hacía. Fue un gran golpe darme cuenta de lo que te estaba haciendo, pero te amaba tanto que no sabía qué hacer para remendarlo. Poco a poco fui tomando distancia. No quería, pero no estaba siendo capaz de amarme a mí misma, ¿cómo te iba a amar? Quería que fueras feliz.

        Cada vez que recuerdo la persona que fui contigo, siempre termino rezando por tu felicidad. «Porque te amo tanto», me dije, «quiero que seas tan feliz como sea posible». Dejé de hablar contigo hace casi diez años. Pasé de pensar en ti todos los días a reprocharme el daño que te hice hasta que un día desapareciste de mi mente. Ya no pienso en ti todos los días. Ya no sueño con volverte a ver. Ya no deseo conversar contigo para contarte mis problemas. Cuando pienso en ti hoy en día sé que aún te amo por todo el bien que me diste, pero también sé que eres parte de un pasado que no debo repetir. Gracias por quererme como lo hiciste. Perdón por ser tóxica.

Entradas más populares de este blog

JUST A MOMENT

Just a moment. Take a moment. Breath in. … … … Breath out. … … … And you still have the guts to ask... Just let me breath. I have to take a moment, for myself, to think about me, what’s right about me, what’s wrong about me, and what can I do. Breath in. … … … Breath out. … … … I have to leave. Be it me or be it you, either way,  I have to choose, and between you and me, only I know what I can do. Bye. 

Recuerdos a la hora de dormir

Una noche cada determinado tiempo me suelo encontrar en mi cama de noche preguntándome: ¿Estoy bien? La pregunta nace a partir de un recuerdo, un simple recuerdo, y la añoranza de revivir ese sentimiento.      “Tal vez no lo estoy” es lo que termino por decirme.      Los segundos van pasando y mi mente sigue divagando en esos recuerdos de años atrás cuando sentí esos dedos acariciar mis caderas, cuando esa palma recorría mi espalda y mis hombros. El solo pensarlo despierta la memoria de mi cuerpo, casi como si el fantasma de su cariño me diera una visita.      Ya es verano, hace un calor insoportable con el que simplemente deseo quedarme al desnudo. No quiero sentir nada que siquiera roce mis poros, y aun así mi cuerpo disfruta la presencia de ese fantasma sin rostro.     Con el ir y venir de mis parejas el fantasma cambió su forma a la de ellos, pero un día dejó de hacerlo. El día que me dije no más parejas mi fantasma cariños...