Ir al contenido principal

¡Mírame!


        En mi desesperación e impotencia, me encuentro aquí sentada sola sin nada más que ver que la pantalla de mi teléfono celular, pero ya no sé porqué lo hago.

        Ya cansada cierro mis ojos y los cubro con ambas manos, hay una desesperante sensación que demanda tu atención, que veas la última foto que publiqué y que le des like.

        Es en este momento en el que estamos casi todos aislados de nuestras familias, de nuestros amigos, de nuestros colegas y de nuestros trabajos en el que las redes sociales nos mantienen cerca, pero del mismo modo, las redes sociales no cubren esta gran soledad que siento.

        Quiero salir. Quiero trabajar. Quiero salir a tomar. Quiero conversar. Quiero escucharte. Quiero verte.

        Sé que no debería esperar mucho de ti porque no hay nada entre nosotros, pero hay algo en mi que se aferra a tu compañía. Es en estos meses que me arrepiento de mi cobardía y de no haberme esforzado más para tener más recuerdos contigo.

        «Hola, ¿cómo estás?», de esa forma comienza nuestra conversación, pero en menos de cinco minutos termina.

        «¿Qué haces?»

        «Qué bueno...»

        «¿Y qué más?»

        «¿Yo? No mucho la verdad».

        «Ok, hablamos luego».

        Todavía me cuesta creer que, a pesar del tiempo que ha pasado, sigues en mi mente. Es absurdo que sigas tan presente en mi memoria porque no tenemos el mismo camino, solo nos topamos por una breve cantidad de tiempo. Una parte de mí, la que se cree realista, me pide que entienda que es muy probable que nuestros destinos nos hayan acercado porque necesitaba conocer a alguien como tu para seguir adelante. Otra parte de mí, la soñadora, quiere creer que nos volveremos a ver y quiere que creemos más recuerdos juntos.

        Todos esos pensamientos que trae esta soledad a mi nuevo día a día en cuarentena me piden que espere algo de ti, que espere que tú también quieras salir conmigo y que lo hagamos sin compromisos, pero sé que no debería esperar tanto de ti, tal vez tampoco debería esperar tanto de mí o tal vez tampoco debería esperar tanto del destino. Y aunque me diga todas estas cosas, cada vez que publico algo nuevo en mis redes sociales, lo único que pienso es…

        «¿Qué te parece?»

        «¿Estás viendo cómo estoy?»

        «¿Quieres saber cómo estoy?»

        «¡Mírame!»

Entradas más populares de este blog

JUST A MOMENT

Just a moment. Take a moment. Breath in. … … … Breath out. … … … And you still have the guts to ask... Just let me breath. I have to take a moment, for myself, to think about me, what’s right about me, what’s wrong about me, and what can I do. Breath in. … … … Breath out. … … … I have to leave. Be it me or be it you, either way,  I have to choose, and between you and me, only I know what I can do. Bye. 

Recuerdos a la hora de dormir

Una noche cada determinado tiempo me suelo encontrar en mi cama de noche preguntándome: ¿Estoy bien? La pregunta nace a partir de un recuerdo, un simple recuerdo, y la añoranza de revivir ese sentimiento.      “Tal vez no lo estoy” es lo que termino por decirme.      Los segundos van pasando y mi mente sigue divagando en esos recuerdos de años atrás cuando sentí esos dedos acariciar mis caderas, cuando esa palma recorría mi espalda y mis hombros. El solo pensarlo despierta la memoria de mi cuerpo, casi como si el fantasma de su cariño me diera una visita.      Ya es verano, hace un calor insoportable con el que simplemente deseo quedarme al desnudo. No quiero sentir nada que siquiera roce mis poros, y aun así mi cuerpo disfruta la presencia de ese fantasma sin rostro.     Con el ir y venir de mis parejas el fantasma cambió su forma a la de ellos, pero un día dejó de hacerlo. El día que me dije no más parejas mi fantasma cariños...

Me sé tóxica

          Cada vez que me pierdo en mis recuerdos, tú eres el primero en aparecer. No importa cuántos años pasen, tú fuiste alguien muy importante para mí y todavía no veo cercano el día que te olvide.            Aún recuerdo el día que te conocí, fue un día de otoño que te presentaste frente a mi curso, te paraste frente a la pizarra y nos invitaste a tu fiesta. Yo no sabía qué esperar, no había nada que leer entre líneas, solamente era una invitación a una actividad que nunca me interesó, pero pensé: «Ya que no tengo nada mejor que hacer, vamos a probar».           Me uní a tu grupo y me conociste. Me viste como nadie nunca me había visto hasta esa fecha y yo te observé y escuché con mucha atención. Me enseñaste a escuchar. Al principio te traté como a todos, otra persona temporal en mi vida y como tal, alguien no merecedor de mi confi...