Ir al contenido principal

Nos conocimos bailando

Bueno, “bailando, bailando” no tanto. Yo te veía sentado, con una cerveza en la mano y mirando tu teléfono.

  • Ven, vamos a bailar.

Esa fue la invitación que te hice en una oportunidad y tu respuesta fue una negativa. Pensé que simplemente no estabas interesado, así que me fui y seguí bailando con mis amigos, pero de reojo pude notar que logré distraerte de tu teléfono. Sin embargo, no fue lo suficiente como para hacerte bailar.

  • ¡Será!”, pensé resignada. 

No lo obligaré a hacer nada que no quiera y yo seguiré con mi baile.

Pasaron los días. Otra noche de baile llegó. Otra noche de cervezas. Otros amigos me acompañaban. Y ahí estabas, con una cerveza en la mano y tu teléfono en la otra. Esta vez tenía compañero de baile, no lo puedo dejar solo.

Otra elipsis, más bailes vinieron, más compañeros de baile, más miradas de reojo dirigidas hacia ti, más invitaciones. Pero ningún cambio en nuestra dinámica.

Así te conocí. 

Yo bailaba, a veces buscando tu atención, a veces disfrutando la de otros. Tú siempre estabas ahí, sentado con tu cerveza y tu teléfono.

¿Para qué vienes si nunca aceptas las invitaciones? 

¿Realmente nos conocimos bailando?

Entradas más populares de este blog

JUST A MOMENT

Just a moment. Take a moment. Breath in. … … … Breath out. … … … And you still have the guts to ask... Just let me breath. I have to take a moment, for myself, to think about me, what’s right about me, what’s wrong about me, and what can I do. Breath in. … … … Breath out. … … … I have to leave. Be it me or be it you, either way,  I have to choose, and between you and me, only I know what I can do. Bye. 

Recuerdos a la hora de dormir

Una noche cada determinado tiempo me suelo encontrar en mi cama de noche preguntándome: ¿Estoy bien? La pregunta nace a partir de un recuerdo, un simple recuerdo, y la añoranza de revivir ese sentimiento.      “Tal vez no lo estoy” es lo que termino por decirme.      Los segundos van pasando y mi mente sigue divagando en esos recuerdos de años atrás cuando sentí esos dedos acariciar mis caderas, cuando esa palma recorría mi espalda y mis hombros. El solo pensarlo despierta la memoria de mi cuerpo, casi como si el fantasma de su cariño me diera una visita.      Ya es verano, hace un calor insoportable con el que simplemente deseo quedarme al desnudo. No quiero sentir nada que siquiera roce mis poros, y aun así mi cuerpo disfruta la presencia de ese fantasma sin rostro.     Con el ir y venir de mis parejas el fantasma cambió su forma a la de ellos, pero un día dejó de hacerlo. El día que me dije no más parejas mi fantasma cariños...

Me sé tóxica

          Cada vez que me pierdo en mis recuerdos, tú eres el primero en aparecer. No importa cuántos años pasen, tú fuiste alguien muy importante para mí y todavía no veo cercano el día que te olvide.            Aún recuerdo el día que te conocí, fue un día de otoño que te presentaste frente a mi curso, te paraste frente a la pizarra y nos invitaste a tu fiesta. Yo no sabía qué esperar, no había nada que leer entre líneas, solamente era una invitación a una actividad que nunca me interesó, pero pensé: «Ya que no tengo nada mejor que hacer, vamos a probar».           Me uní a tu grupo y me conociste. Me viste como nadie nunca me había visto hasta esa fecha y yo te observé y escuché con mucha atención. Me enseñaste a escuchar. Al principio te traté como a todos, otra persona temporal en mi vida y como tal, alguien no merecedor de mi confi...